El estrés y el cansancio pueden tener un impacto significativo en nuestro apetito. Cuando estamos estresados o cansados, nuestro cuerpo libera hormonas como el cortisol. El cortisol puede aumentar los niveles de glucosa en la sangre y suprimir el sistema digestivo, lo que puede hacer que una persona se sienta menos hambrienta. Sin embargo, también puede provocar antojos de alimentos ricos en grasas y azúcares, ya que estos alimentos proporcionan una sensación temporal de placer y reducen los niveles de cortisol en el cuerpo.
Además, el estrés crónico puede desencadenar un aumento de la producción de insulina, lo que a su vez puede llevar a una disminución del azúcar en la sangre y desencadenar la necesidad de comer más alimentos. Por lo tanto, es importante para las personas manejar adecuadamente el estrés y asegurarse de descansar lo suficiente para evitar efectos negativos en su apetito y alimentación en general.
En resumen, aunque el estrés y el cansancio son respuestas naturales a las demandas de la vida, es crucial manejarlos de manera efectiva para mantener un apetito saludable y un peso corporal saludable.

